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viernes, 12 de julio de 2013

Tres días en vuelo (2° parte)


Caleu arranca, acelerador a tope, velocidad sobre el césped, cuando el
velocímetro marca 50mph traigo la palanca hacia mí, se nota que vamos con más peso que de costumbre a pesar de que el equipaje es mínimo, 5 litros de aceite para preparar mezcla, un bidón de 20litros para buscar combustible, una bolsa donde llevo mi poncho por si puedo hacer noche dentro de algún hangar y mi bolsito con toda mi documentación y la de Caleu. Ahora flotamos y comenzamos el ascenso. El cielo sigue cubierto por esa masa densa de color gris que oculta lo mágico del celeste, que me significa ese espacio de libertad hasta el infinito. Igual no hay forma de no sentirme libre aquí arriba.
            El vuelo transcurre ahora movidito, es un horario de térmicas, que a pesar de estar nublado y hacer frío, están aquí. Caleu se mueve un poco, es como si nos agarraran desde arriba y tiraran hacia allí y de golpe nos sueltan, esto sucede muchas veces y rápido, ahora el ala derecha es la que sube, un poquito de palanca para ese lado entonces; y así, acomodándonos a estos movimientos, seguimos.
Estoy sentado aquí con Caleu, mientras él intenta hacer el viaje lo más suave posible yo regreso el tiempo atrás. Me veo sentado en la silla, dentro de la casa de Matute, con un pie haciendo base sobre el suelo, la otra pierna cruzada, apoyando el tobillo izquierdo sobre la rodilla derecha, formando un triángulo que hace de cuna para Luca. Duerme tranquilo, sabiéndose cuidado, acaba de conocerme y ya confía en mí, veo al bebé más hermoso del mundo, soy nuevo en esto de ser abuelo, apenas unos días, me siento impactado, ¿yo abuelo?, ¡si todavía no se que voy a ser cuando sea grande! Sin embargo creo que va a estar bueno, que puedo llegar a ser un abuelo piola, divertido y que puede tener algo para enseñar.
La ruta allí abajo llega a un punto que forma una T, sigo derecho, sin ruta de guía, según el mapa en unos kilómetros cruzaremos la 8 que es la que seguiré. Veo un ave a la izquierda, está cerca, creo que es una gaviota, de pronto se cruza por delante, palanca y pedal a la izquierda y la dejamos seguir su vuelo hacia el norte.
            Veo que queda poco combustible, avanzamos más lento de lo que pensaba, sobre la ruta, en una entrada a una pequeña población hay una estación de servicio y un poquito más adelante campo libre al costado de la ruta, me sobra espacio para bajar y está limpio y despejado, vuelta y abajo. Bajo la potencia y me acerco cada vez más al suelo, palanca atrás, pero en vez de apoyar sobre el suelo caigo unos cuantos centímetros y apoyan las ruedas con un salto, nos detenemos y bajo. Observo y encuentro que el soporte de la rueda izquierda se dobló un poco, reviso bien, no es algo importante, no veo que vaya a tener inconvenientes con esto, voy a llegar hasta Mina Clavero, que es mi destino y una vez allí sacar la pieza para dejarla derechita.
            Cruzo a la estación de servicio en busca de combustible, está a unos 300 metros aproximadamente.
-          Buenas tardes, puede ser 20 litros de Súper – pregunto.
-          Si, como no.
-          ¿Dónde estoy?
-          En La Luisa, sobre ruta 8.
-          Gracias.
Vuelvo al lado de Caleu, un auto se estaciona en frente de la ruta y desde adentro observan, nadie baja, creo que vinieron a ver el despegue. Preparo la mezcla, paso el combustible al tanque, hago un chequeo a Caleu. El auto se aburrió de esperar y se va. Enciendo motor y al aire nuevamente.
Seguimos avanzando, la idea original era salir hoy a las 8am y llegar hasta Río Cuarto para hacer noche, plan que ya se modificó pues salimos a las 11hs, y además avanzamos más lento de lo que había calculado, ahora me propongo llegar hasta Hughes y allí ver si tengo un rato más de luz o si me quedo a hacer noche.
La ruta allí abajo, en este tramo, es una gran recta. Pasamos varias poblaciones, la mayoría conectadas por un camino hasta la ruta, pequeñas poblaciones, calculo que de vida muy tranquila y de producción de los inmensos campos que hay alrededor.
Adelante aparece otra población, pero esta es más grande. Acercándonos se distingue ahora muchos edificios, y un barrio de casas igualitas hacia el norte. Mi ruta guía se transforma en la avenida principal, voy bordeando la ciudad por el norte, intentando no perder de vista la ruta que ahora está en medio de la ciudad. Consultando el mapa me digo que esto debe ser Pergamino. Ya del otro lado de la ciudad, perdí de vista mi ruta guía, tomo un poco más de altura y distingo la avenida que se convirtió en una calle de tierra. Observo el mapa nuevamente y veo que aparte de la ciudad solo se cruzan dos rutas, una que viene del sur-oeste hacia el nor-este y la otra es la 8 que va para el nor-oeste, así me oriento de nuevo y distingo cuál es mi ruta, allí vamos. A mi izquierda una pista, al costado de la ruta, se ven aviones más grandes y ultralivianos, veo que un grupo de gente me observa, muevo las alas para saludar y continúo con mi vuelo.
Otro rato en vuelo, a mi derecha tengo una pista, aquí podría bajar por combustible. Me acerco y veo todos los hangares cerrados, no hay autos, ningún movimiento, aquí no hay nadie. Hago una pasada y vuelvo para ver si alguien ha salido y nada. Miro el combustible, tengo para un rato más, mejor sigo hasta la próxima.
Pasan varios minutos, tal vez media hora.  Abajo hay ahora otra población, consulto el mapa, esto debería ser Hughes, el mapa me muestra una pista. No la encuentro. Continúo un poco más pero no aparece. Queda pocos minutos de día,  la noche reclama su lugar. Las nubes se fueron y dejaron el cielo al desnudo.
 Vuelvo y decido bajar en un campo que está al lado de una pista de carting, donde hay un grupito de personas que observan y otros que están corriendo. Observo el terreno y luego bajo. Aterrizaje suave, algunos saltitos por el terreno que hizo de pista. Carreteo un poco para acercarme al lugar donde hay gente. Quietos, detengo el motor. De golpe nos inclinamos hacia la izquierda, Caleu está herido,  el soporte de la rueda, el que pensé que iba a llegar hasta el final de este viaje se dio por vencido. Me saco el cinturón, me bajo, lo miro y pienso: que macana amigo.
Me acerco hasta donde está la gente.
- Hola, buenas tardes.- saludo.
- Hola, ¿que te pasó? – me dice uno de los que estaban allí.
- No encontraba dónde estaba la pista y bajé a preguntar, pero ahora tengo un problemita más.
- Si, veo. Dame un minuto que llamo a Fernando, que el anda siempre con los aviones.
En unos veinte minutos Fernando y Jorge, su amigo, se hicieron presentes. Coordinamos acciones, Jorge se fue en busca de un trailer en donde subir a Caleu y con Fernando nos quedamos desarmando el soporte de la rueda.
- Te vi pasar por arriba de la pista, pensé que ibas a bajar allá, pero pasaste de largo.
- No te puedo creer, le pasé por arriba y no la vi. Mi idea era bajar allí.
- ¿De dónde venís?
- Salí de Poblet, La plata, esta mañana y voy hasta Mina Clavero. La idea era llegar mañana, pero ahora con esto, no se, y para sumarle me agarra muy justo de dinero, recién estoy empezando allá.
            Llega Jorge con camioneta y trailer, la noche se hace presente también. Subimos a Caleu y comenzamos el traslado hasta el aeródromo que está cerquita. Adelante conduce Jorge, atrás viene Fernando con el auto, iluminando,  más atrás Emiliano con su camioneta y yo subido al trailer, sosteniendo a Caleu. Primeros cuarenta metros y está la tranquera del campo, muy despacio avanzamos, hasta que vemos que las alas tocarían en los postes de la tranquera. Emiliano se acerca y él de un ala y yo de la otra vamos levantando para que pase. Ya está afuera del campo, vamos por un camino viejo, en el que hay montañas de escombros y árboles talados a la altura de las alas. Continuamos a paso de hombre, bajándome para levantar un ala cuando es necesario. Etapa superada, estamos ahora en una calle de asfalto, avanzamos, lomo de burro, despacito. Camión estacionado a la izquierda, nos vamos hacia el otro lado y casi raspando pasamos. A la derecha árboles, vuelta hacia la izquierda y seguimos. Otro lomo de burro, despacito de nuevo. Ahora hay varios autos estacionados, el ala derecha pasa por arriba de ellos. De frente viene un camión, por suerte es una calle interna que da a un matadero, así que viene despacio. Nos vamos bien a la derecha y le dejamos el espacio justo para que pase. Seguimos los pocos metros de asfalto que quedan y ahora el camino es de tierra, pero enseguida aparece la entrada del campo dónde se encuentra el aero. Para cruzar la tranquera nuevamente tenemos que levantar las alas con la ayuda de Emiliano. Veinte metros más y tenemos a la derecha árboles y a la izquierda un poste de luz. Jorge hace unos intentos de maniobras, pero no hay caso. Desenganchamos el trailer y a mano lo maniobramos, lo ponemos de costado y luego lo giramos y así logramos que pase. Enganchamos nuevamente y avanzamos, se repite la última situación y repetimos la solución. Otra vez más enganchamos y ya hemos llegado al lado del hangar, solo tenemos que pasar por una última tranquera bastante alta. Desenganchamos y seguimos a mano. De cola hasta estar bien cerquita del alambrado, giramos, levantamos la punta del ala para que no toque el poste y ya tenemos un ala adentro, descanso de un instante y seguimos con el otro ala de la misma manera. Listo, está al lado de la puerta del hangar, hoy duerme afuera ya que adentro no hay lugar. Lo tapo.
- ¿Dónde vas a dormir? – me pregunta Fernando.
- No se, cuando veníamos para acá pasamos por la puerta de un hotel. – digo.
- Esperá que te averiguo si podés dormir acá.
- Uy, que bueno, sería genial. – contesto.
- Escuchame Pablo, si querés me llevo el soporte y mañana en cuanto abro el taller me pongo a reparar esto. – me dice Jorge.
- Buenísimo, eso sería un lujo.
Jorge tiene allí un taller metalúrgico y suele hacerle algunos trabajos para el aero. Emiliano tiene un camión, él fue quien llamó por teléfono y estuvo en todo momento a disposición. Nos saludamos y agradezco toda la movida que han hecho solo para dar una mano a esta persona que soy yo.
Llega Fernando y me dice que ya está arreglado, que me quedo a dormir ahí en la casa, donde vive Antonio y su sobrino Agustín. Vamos hacia la casa, que está al lado del hangar, y me presenta con Agustín y me muestra dónde voy a dormir, en un dormitorio hay unos colchones y mantas para pasar la noche.
- Che Fernando, ¿me alcanzás que voy para el pueblo? Pablo, vos ponete la tele y buscá que algo debe haber para comer – dice Agustín.
- Gracias Agustín pero ya es mucho, mejor me voy con vos hasta el pueblo y como algo allá.
            - Bueno, como quieras.
            Nos subimos al auto con Fernando y nos dejó en una estación de servicio. Antes de bajar Fernando saca $100 y me dice:
- Tomá, por si andás medio corto, comé bien.
- No, gracias che, fue un comentario eso, pero para comer tengo.- agradezco y no acepto.
Bajo y también baja Agustín, compartimos un café en la cafetería de la estación de servicios, que no me dejó pagar, y en un rato nos contamos nuestras historias. Se va, hago algunos llamados contando dónde estoy y ceno un impresionante y delicioso sandwich de lomo completo con un plato de ensalada, estaba hambriento, en mi estómago solo había unos mates que tomé a las 9 o 10 de la mañana, hoy me olvidé de almorzar y ni me di cuenta.
Converso un poco con la chica que atiende el lugar y en eso llega Antonio, a quién no conocía, pero él entró y dijo:
- Hola, ¿vos sos Pablo no?
            - Si, hola, mucho gusto.
            - Mirá, vamos a esperar un poco que en un ratito tiene que llegar una amiga de mi hijo que es artesana, que también se va a quedar en casa. – ahí entendí que era Antonio, el que me daba alojamiento.
            Antonio debe tener unos setenta años aproximadamente, conversamos un rato, hasta que llegó Paz, la chica que estábamos esperando, con su hijo de unos 3 o 4 añitos, calculo, se sumó Agustín y juntos a pie volvimos hasta la casa.
            La noche era fría, pero la casa estaba bien calentita gracias a esa especie de salamandra a leña. Compartimos un te y rato de charla en la cual nos conocimos y supimos un poco más de cada uno. Trasladé mi colchón a la cocina, para dejarle la pieza a Paz y su niño y nos fuimos cada uno a su cama.
            Hice un ratito de taiso, gimnasia para la salud,  y me acosté. Ya con la luz apagada pensé en todo lo que había vivido hoy, en las encantadoras personas que conocí, en lo increíble de cómo cada una de estas personas se puso a disposición para ayudar como sea, yendo a buscar combustible, trayendo un trailer para el traslado, haciendo fuerza para ayudar a llevar a Caleu, dándome alojamiento, ofreciéndome su dinero para mi cuidado. Estoy sorprendido, si bien yo soy un creyente de que la gente en general es buena gente, y suelo tener buenas experiencias con las personas, esto de hoy me ha dejado impactado y fascinado.
            Siento el cansancio de todo un día vivido a pleno, los párpados pesan y se cierran. La respiración se hace más profunda. Duermo.


sábado, 6 de julio de 2013

Tres días en vuelo (1° parte)


El cielo está gris, el frío se esparce en el campo, se acomoda y se queda, es su estación preferida del año. En el aeródromo se hace sentir y se lo combate con mates calentitos y conversación. Pasa gran parte de la mañana entre preparativos, chequeo, hacer combustible y otros menesteres. El momento de volar ha llegado, nos espera una linda travesía, 950km en 2 días, saludos, abrazos y en marcha.
Bombeo desde la bombita cebadora, el combustible comienza a subir por la manguera, pasa por el filtro de nafta, por la bomba y llega hasta el carburador, dos bombeos más y ya se siente la presión de que está todo lleno. Miro alrededor, pongo en contacto y grito:
-          ¿Libre? –alguien confirma y devuelve también en voz alta.
-          ¡Libre!!
Tiro de la piola y en el primer intento Caleu arranca, él también estaba esperando este momento, quería conocer su nueva casa, allí en traslasierra, del otro lado de las altas cumbres, con ese paisaje tan diferente, esa belleza que tienen las sierras y los ríos de montaña, todo un cambio de vida para los dos, en realidad para más de dos pues ya me están esperando allí esa flaquita divina que es mi esposa, mis dos niños más chicos, Mork y Mindy, nuestros perros y Mishi Mini Minina, la gata.
El motor ya calentó, cinturón de seguridad abrochado. Hace frío y la cabina de Caleu es abierta así que estoy bien abrigado, por fuera se ve el camperón que tapa hasta la nariz, la bufanda, gorro de cuero con orejeras, auriculares, guantes abrigando las manos. Miro alrededor, saludo con la mano y comienzo a carretear hacia la pista.
La manga cuelga indicando que no tenemos viento, no hay nadie a la vista allá arriba, así que voy hasta la cabecera, observo un instante más el lugar. Siento algo de tristeza, se que voy a extrañar a este lugar y a esta gente, aquí conocí lo que era un avión ultraliviano, aquí aprendí a volar, aquí conocí y compré a Caleu, aquí hice buenos amigos, aquí compartí asados y fiestas, aquí volé todas las semanas estos últimos cinco años. Todo esto es algo que queda grabado, que no se olvida. También siento alegría pues estoy yendo a vivir al lugar que elegí para vivir, soltando un montón cosas buenas y lindas por otras que vendrán que seguramente también serán buenas y lindas, ya que para mí, el que sean buenas y lindas dependen más de el que las ve que de las cosas en sí mismas.
El reloj marca las 11 en punto. Potencia a fondo, velocidad sobre el césped, las ruedas sueltan el suelo y ahora las alas se hacen cargo. Adiós Aeródromo Poblet, o PBE como te llamamos los amigos.
Ascendemos a 500 pies, palanca a la derecha para corregir el rumbo hacia el nor-oeste, aquí arriba tengo viento en contra, por suerte es suave. La ruta 2 pasa por debajo y rápido distingo la 215 allá adelante, la rotonda y la 6 que va a ser mi guía en este primer tramo. El GPS está disponible, pero elegí guardarlo y guiarme con el mapa y las rutas, para mi hay una gran parte de la aventura que se pierde si lo utilizo, y el sentido de este viaje es esa aventura, creo que mientras me mantenga transitando aventuras seguiré siendo niño. Si, ya se, un niño de 41 años, con las primeras arruguitas en los ojos, el pelo plateado, papá y abuelo, pero con eso que distingue a los niños: el disfrutar, el maravillarme por las cosas de la vida y por todo lo que hay por aprender, el divertirme, el encontrar el juego, el ver  sin la gravedad que le ponemos los adultos a las cosas.
El campo sigue desplazándose hacia atrás lentamente, el cielo continúa cubierto y hay una especie de bruma aquí arriba que disminuye un poco la visibilidad. Todavía no aparece la pista de General Rodriguez, mi plan es llegar a San Antonio de Areco para hacer combustible y seguir. Una bandada de pájaros más abajo muestra su impecable vuelo en formación. Eso de allá adelante debe ser la pista. Mientras tanto la ruta de asfalto a veces se acerca y otras se aleja con sus curvas, con Caleu seguimos derechito sin perderla de vista. Lo que creí que era la pista cuando estuvimos más cerca nos dimos cuenta que no lo era. Esto es diferente que volar en terreno conocido donde con una mirada alrededor encontrás algo que te orienta.
La pista de Rodriguez pasa a mi izquierda, en dos oportunidades estuve allí abajo disfrutando de esos impresionantes festivales aeronáuticos, viendo todo tipo de aviones, nunca había venido volando, una parte de mi quiere bajar, la otra me dice que continuemos con el plan que nos trazamos, en unos instantes nos pusimos de acuerdo y decidimos continuar volando.
Eso de allí debe ser la autopista 7, o sea que esa población que vimos a la izquierda hace un ratito tiene que haber sido Luján. Seguimos adelante. Chequeo el combustible y veo que no voy a llegar a donde me había propuesto, así que decido bajar, al costado de la ruta hay un buen espacio para usar de pista, hago una primera pasada baja para observar de cerca. Si, está en condiciones, subo nuevamente, dibujo un círculo completo y abajo, las dos ruedas del tren principal tocan el pasto, la de nariz sigue en el aire, ahora hace contacto con el suelo también, carreteo uno poco, quietos, contacto en off. Me desabrocho el cinturón y me bajo, Caleu descanza un rato, yo me estiro, me saco los guantes y observo que viene un hombre que sale de una casa que hay allí cerquita y otro que del frente viene con su auto.
-          ¿Todo bien? – me pregunta el del auto.
-          ¿Qué pasó? – pregunta el otro.
-          Nada, tengo muy poco combustible, necesitaría cargar, ¿hay una estación de servicio cerca? – contesto.
-          Si, acá cerca hay una estación de servicio, ¿si querés yo voy con el auto? ¿Qué nafta lleva?

Mientras el muchacho del auto fue a buscarme combustible me quedé conversando con sus hijos y con el otro hombre. El más chiquito pidió subirse a Caleu y el hermano mayor le sacó fotos con el celular. Habrán pasado unos veinte minutos y ya tenía el combustible conmigo, preparé la mezcla, lo trasvasé al tanque de Caleu.  Más fotos, agradecí por la gauchada de poner a disposición su tiempo y su auto y también por la conversación, saludos y a emprender el vuelo nuevamente.

lunes, 21 de enero de 2013

Volando con amigos de alas propias



Son las 7:30am de un jueves de diciembre, pienso que va a ser un lindo vuelo, quiero que así sea, ya que por 25 o 30 días no voy a volar nuevamente por que estaré lejos.
            Despegamos, Caleu también quería volar, el viento está un poco cruzado a la pista, ascendemos, practicamos algunos giros con un molino de referencia y luego unos giros escarpados.
Cuando observamos, allí nomás, cerquita, teníamos compañía, un carancho volando, planeando, haciendo giros, aprovechando el viento y las térmicas. Con Caleu nos acercamos, como pidiendo permiso para jugar. Y así fue, comenzamos con el juego, el carancho gira lentamente hacia la izquierda, seguimos su giro, siempre quedando a su lado y un poquito atrás. Ahora giro y abajo, lo seguimos. Hacia el otro lado y arriba, lo seguimos pero quedamos más abajo, recuperamos posición. Estamos lado a lado, el carancho me mira, con su majestuosidad, impecable, las alas quietas y erguidas, la cabeza de costado, ese pico que le da un aire de seriedad, de respeto, yo lo miro, nos vemos, nos reconocemos, somos compañeros del aire, él con sus alas, yo con las de Caleu. Seguimos compartiendo el vuelo y el juego durante un rato que no tuvo tiempo ni intensión. Mi alma se llena, mi cuerpo lo disfruta.
Cuando pensé en este vuelo, quería un vuelo especial, ¿yo lo cree? ¿acaso yo hice que el carancho estuviera allí volando? No, no tengo ese poder. Pero si creo que tengo otros poderes, como por ejemplo el de ver oportunidades. ¿Hubiera existido este vuelo, así, tal como fue, si no hubiera distinguido al carancho volando? ¿Qué es lo que hace que lo haya distinguido? Yo creo que mi querer, el querer ese vuelo especial hace que tenga ojos atentos para distinguir las oportunidades que se me presenten.
Creo que las oportunidades siempre están, andan por ahí, vagando, oportunideando, esperando ser distinguidas primero y luego utilizadas, para poder realizarse ellas, para cumplir con su razón de ser.

domingo, 27 de mayo de 2012

Corrigiendo la deriva



Mañana de domingo, frío y humedad para recordar que estamos en invierno. Mi caminar hacia el hangar resulta esponjoso, mis zapatos se hunden unos pocos milímetros en la tierra y quedan mojados con las gotas de rocío que siguen sobre el césped. Cielo grisáceo con algunos claros.  La manga cuelga aburrida, el viento descansa.  Los árboles quietos. Se escucha el silencio.
Soy el primero en llegar hoy, abro los portones y saco a Caleu. Luego del habitual chequeo, y haber calentado el motor, nos disponemos a despegar, elegimos la 21, nos ubicamos en la cabecera y potencia al tope. En poquito recorrido ya estamos en el aire, ascendemos más y encontramos que aquí arriba la cosa está distinta, viento y ráfagas le ponen sabor al vuelo. Aprovechando que el viento se hizo presente nos ponemos a jugar con él. Con viento en cola observamos la velocidad que llevamos con respecto al suelo y luego la comparamos con la que observamos con viento de frente, siempre me resulta divertido esa sensación de ir rapidísimo o que parezca que estamos quietos en el cielo, como un barrilete. Luego viene el otro juego, el de hacer un círculo perfecto con un molino de agua como centro y que el viento no te desplace, de un lado apenitas bajando el ala y del otro lado con el ala bien hundida. Por último el de hacer un circulo como si no hubiera viento, manteniendo el ángulo de las alas durante toda la circunferencia, y luego observar cuanto nos hemos desplazado del lugar donde la iniciamos.
Jugando nos hemos alejado, emprendemos el regreso. Miro alrededor y me ubico, ya se hacia donde tenemos que ir. El viento viene de la derecha, corrijo la deriva y Caleu continúa su recorrido avanzando de costado, con la nariz apuntando al norte, pero con su trayectoria hacia el nor-oeste.
Con esto se me disparan algunas preguntas del vivir cotidiano: ¿sabemos hacia dónde queremos ir? ¿estamos yendo hacia donde queremos? Si las circunstancias soplan de costado, ¿corregimos la deriva? ¿o caemos en soltar lo que queremos y dejarnos llevar por esas circunstancias hacia lugares distintos? ¿podemos jugar con esas circunstancias como jugamos con el viento o las tomamos con gravedad? ¿estamos disfrutando este vuelo?
Si nos preguntamos podemos respondernos, si nos respondemos podemos reflexionar y distinguir, si distinguimos podemos elegir.
Somos nosotros los que sostenemos la palanca de mandos, ¿nos reconocemos como los constructores de nuestra propia vida?

miércoles, 4 de abril de 2012

Estar en las nubes


Niebla en la mañana de este domingo. Mientras espero se disipe un poco comparto mates, conversación y risas con otros locos que eligieron, como yo, estar un domingo a las 8 de la mañana en el aeródromo. Ya despejado, y luego del chequeo, pongo en marcha a Caleu, calentamos y nos dirigimos hacia la pista. Potencia a tope, carreteo sobre la pista, cuidando el ala izquierda, pues tenemos viento de ese lado. Velocidad. Soltamos el suelo, las ruedas siguen rodando, pero en el aire.
Arriba hay nubes, con Caleu nos sonreímos y ascendemos, no se si él es mi cómplice o yo soy el suyo. Subiendo quedamos dentro de la cola de una nube, es espesa, no vemos nada, es un gris con mucho de blanco, muy intenso, es hermoso y a la vez siento esa parte de susto que suele dar cuando hacemos algo que está fuera de nuestra zona de comodidad, de las cosas que sabemos, que conocemos. Son dos, tres o cinco segundos que el corazón se detiene, la respiración es profunda, honda, luego, muy pronto estamos fuera y viendo nuevamente. Es ese placer con desafío y aventura.
Ahora estamos sobre las nubes, y lo primero que encuentro es que arriba de ellas hay cielo, sol, libertad, inmensidad y belleza. Desde el suelo está nublado, desde aquí no.
Estoy en las nubes, me divierte la idea, estar en las nubes es magnífico, por lo menos para mí. Pienso:¿que pasa cuando alguien nos dice que estamos en las nubes? ¿que quiere decir? Pues se le dan muchos significados a esta frase:
       -para algunos estar en las nubes es estar distraído.
       -para otros significa perder el tiempo.
       -otros piensan que en las nubes están los tontos.
       -estar en las nubes es estar despistado.
       -y para completar podría ser: estar en las nubes es no vivir en el mundo real y pensar que todo está bien y es perfecto y maravilloso.(me encanta)
Podemos decir que un músico está en las nubes, que un pintor está en las nubes, pero ¿acaso no es ese un buen espacio para crear?
¿Quienes somos para juzgar a los demás? ¿Quien nos dio autoridad? ¿Que queremos cuando opinamos sobre otro? ¿Nos damos cuenta de que las opiniones que emitimos son nuestras, que tienen que ver más con como vemos el mundo nosotros, que con el otro? A veces pienso que actuamos desde creer que tenemos la verdad, creyendo que lo que nosotros vemos es lo correcto. ¿Cómo nos relacionamos con los demás desde este lugar? ¿y si lo correcto no existe? ¿si solo tenemos distintas opiniones? Y por último, ¿si legitimamos al otro con su opinión? Hacemos el mundo en el que vivimos desde nuestras acciones, podemos empezar a elegir antes de actuar, de opinar.
Estar en las nubes me resulta muy agradable, un lugar para disfrutar, un espacio para encontrar la armonía, un sitio donde soltarme. ¡Que bueno que es estar en las nubes!
Bajamos la potencia, el motor regulando, haciendo un espiral voy perdiendo altura, observo y me impregno de todo lo que veo y siento, distingo la pista, me dirijo a ella. Un aterrizaje hermoso, que lindo que es aterrizar con viento cruzado. Despego nuevamente, solo para disfrutar de otro aterrizaje.






miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuatro cielos


Estoy con Caleu en la cabeceras 03, listo para poner potencia y salir al aire. Miro el reloj, solo nos quedan treinta o cuarenta minutos para volar, luego se viene la noche, así que decido aprovechar cada minuto, potencia a full y arriba.
La serenidad y armonía que suele tener el aire del atardecer se hace presente, es como un manto de paz, belleza y libertad que cubre todo, es como la sonrisa de un niño que tiene ese enorme poder de contagiarte su alegría. Estoy aquí arriba y todo transcurre despacio, hay una temperatura agradable y muy poco viento del norte. Todo mi ser se impregna de esto tan maravilloso que encontré aquí.
Observo para disfrutar, encuentro un molino y me quedo con él, desde arriba le dibujo un giro bien escarpado hacia un lado y luego hacia el otro, jugando, divertido, vuelo y a la vez juego a que vuelo. A lo lejos se ve toda esa cosa enorme de cemento que es la ciudad, la catedral se destaca con sus puntas y un poco mas allá el Río de La Plata.
Veo a mi izquierda al sol queriendo esconderse, giro para verlo de frente y entonces me doy cuenta de lo que no había distinguido, hago un giro de 360º para verlo todo. Hacia el oeste se encuentra el sol, esa poderosa bola naranja que todavía ilumina ese sector de cielo y dice: aquí es de día. Por el sur un gris intenso, pesado, nubes de tormenta, amenazantes. La luna, llena, en el este, con el cielo mas oscuro, trayendo la noche, posando bellísima. En el norte cielo despejado, de un lado claro y del otro oscuro, pero totalmente despejado. Esto es fascinante, estoy inmerso en este regalo recibido, cuatro cielos diferentes, pero que a la vez son un solo cielo.
Pienso que puede que algunas veces veamos nuestro futuro así como tormentoso, debido a algo que nos sucedió o que nos está sucediendo, algo como perder el trabajo por ejemplo, que no podamos ver más que ese sector de cielo grisáceo, y puede que nos enojemos o nos resignemos ante esto.
Quizás en otras oportunidades estemos pasando por circunstancias diferentes, que las cosas no salen como queremos, que veamos oscuridad y tal vez nos de miedo esa oscuridad.
¿Que nos pasa con estas cosas? ¿Que estamos mirando? ¿Como las vivimos? ¿Que hacemos con ese enojo o con ese miedo? Por ahí nos sintamos atrapados, reaccionando ante lo que nos pasa. Hay para mí una gran diferencia entre accionar y reaccionar, y es que en el accionar habita la libertad, en el accionar yo elijo que quiero para mí, no podré elegir las circunstancias, pero si puedo elegir que voy a hacer con ellas.
Si podemos observar las cosas desde otro lugar, girar 360º para ver los cuatro cielos que están disponibles, tal vez entonces tengamos a nuestro alcance ver que las cosas no son trágicas o terribles, si no que nosotros les dimos esa interpretación, pero las podemos cambiar, y entonces, viviéndolas desde otro lugar encontremos un aprendizaje para nosotros y podamos re-direccionarnos.
Nosotros somos los que podemos ver que cada uno de esos cielos, no es más que una parte del cielo,  nosotros somos los que piloteamos nuestras naves, los que sostenemos la palanca de mando y los que elegimos hacia donde dirigirnos.

viernes, 27 de enero de 2012

Incertidumbre



Considero que algo que hace mágico el volar es justamente la incertidumbre. Disfruto mucho de volar, en el vuelo el medio es el aire, este aire a diferencia del suelo, no es algo que está fijo y quieto. Hay aire fresco de las mañanas, aire digamos que esperanzado, anunciando todo un día por delante; aire de verano, en esos horarios del mediodía, aire agobiado por el calor manifestándose vigoroso, despertando mis sentidos, poniéndome en alerta. Ese no  saber  si va a cambiar el viento, si pueden venir ráfagas, si vamos a agarrar una descendente, o si una ascendente no nos va a dejar bajar. A veces tendremos esos vuelos de seda, prolijitos e impecables, sin una gota de viento, otras tendremos que corregir la deriva por el viento lateral. A veces nos costará ascender y otras aterrizar, tal vez tendremos que aterrizar con viento cruzado, esos aterrizajes con adrenalina extra, en que tendremos un ala bien abajo y apoyará primero la rueda de un lado, luego la del otro  y por último la de nariz.
Pero por otro lado, pareciera que esta incertidumbre que tanto sabor le da a mi volar, socialmente la consideramos como algo no grato, es como que está mal no saber que va a pasar o que vamos a hacer. La incertidumbre vendría a ser algo como una maldición. Vemos valor en la seguridad, creyendo que esta seguridad nos protege de algo malo que nos pueda pasar, de que nos lastimemos, de que nos golpeemos, de que nos decepcionemos, de que perdamos. Esta seguridad es como una cápsula, dentro de la cual estamos protegidos, lo cual puede resultarnos muy cómodo. El riesgo para mí es que esta cápsula se transforme en una especie de jaula, que nos tenga atrapados, porque si prendemos la luz para ver con mayor claridad, puede que nos demos cuenta de que si quiero crecer no voy a entrar en esta cápsula, de que para aprender algo, ese algo está afuera de ella. Este escudo aparente que por un lado nos protege, también nos limita. ¿Cuántas cosas dejamos pasar o nos privamos de hacer  por no saber como saldrá? Cuando digo esto pienso en situaciones como:
 -muero de ganas de invitarla a salir, ella me gusta, pero ¿yo le gustaré?, ¿y si me dice que no?
 -tengo la posibilidad de trabajar en forma independiente de mi profesión, pero, ¿ganaré lo suficiente?¿y si no consigo clientes?¿y si me va mal?
Si queremos ver el mundo, si queremos ver las posibilidades, si queremos  ver toda esa inmensidad que está disponible para nosotros, está ahí afuera, solo tenemos que soltar esas certezas que tan fuerte sujetamos, solo tenemos que levantar la nariz y emprender el vuelo. Y es entonces que podremos ver en esa incertidumbre valor, sabiendo que podremos disfrutar de esa incertidumbre, que podremos vivirla como una aventura, pues ¿donde sucede una aventura si no es en la incertidumbre?

miércoles, 10 de agosto de 2011

Una vueltita por el Río de La Plata



Sábado 6 de Agosto, hace un lindo día, despejado, azulado, poco viento. Hace rato que tengo ganas de volar sobre el río, y hoy parece ser  un hermoso día para hacerlo. A Caleu le gustó la idea, pues en la primera tirada de piola arrancó.
Vamos rodando hacia la cabecera 03, full potencia, carreteamos un poco y a volar. Cuando estamos a 500 pies giramos a la derecha buscando un camino de tierra que siempre suelo volarlo. El vuelo es suave, sereno, hay un poco de bruma aquí arriba, la visibilidad no es de las mejores. Esta vuelta me abrigué bien, en el vuelo de la semana anterior bajé con las manos congeladas.
En ese campo veo unos cuantos autos, ¿será una reunión, o tal vez un cumpleaños?  Y ahora veo que están todos en la mesa, al lado de unos árboles, algunos me saludan, entonces me inventé un saludo para ellos y dibujé en el aire, con Caleu, un círculo perfecto. Ahora todos se levantaron y saludaron. Sigo mi viaje, aquí tengo amigos, que no conozco, pero que no olvidaré y seguramente ellos tampoco. Que buena sensación deja el saludar. Es como reconocer al otro, y a la vez ser reconocido, es como decir: existís para mí, esto me recuerda haber leído que algunas tribus africanas se saludan diciendo: ´´te veo``.

El camino dobla, pero yo sigo, el río está adelante, todavía no lo veo, pero sé que está adelante.  Un arroyo, y otro, y ahora otro más, serpientes de agua que se retuercen y entrecruzan y le dan esta forma antojadiza al paisaje. Ahora sí, el río está ahí nomás, un poquito más adelante, lo que desde abajo conozco como  un río lleno de contaminación, desde aquí arriba es maravilloso, un paisaje para disfrutar, una inmensidad que trae consigo paz y armonía. Disfruto, me lleno de placer. El río está abajo y yo aquí con la felicidad de haber recibido un regalo que merece ser atesorado.









viernes, 6 de mayo de 2011

Volando entre cliente y cliente






Jueves hermoso en la ciudad, el cielo celeste, poquito viento del sur, buena temperatura. Aquí abajo está bárbaro. ¿Cómo estará arriba?
Normalmente arranco mi trabajo luego de dejar los chicos en la escuela, 13hs, y hoy no era la excepción. Primer cliente en Berisso, segundo cliente en La Plata, tercer cliente en Ensenada, digamos que hoy no pude optimizar distancias. Ya siendo las 15:40 me siento en una cafetería con conexión a internet para pasar mi pedido a la empresa, cosa de 10 minutos. Miro la hora nuevamente, mi próximo cliente es a las 18:30 y a los chicos tengo que buscarlos a las 19:15, me queda el tiempo justo para ir con Caleu a volar un ratito.
Llego al aeródromo, le saco todas sus fundas, hacemos combustible, chequeo y fuera. Sí, como pensé antes, arriba también está hermoso, más hermoso. No es que abajo no estuviera en paz, pero la paz que se consigue aquí arriba no tiene igual. Simplemente vuelo, el aire se desliza por mi cara, por mis manos, pequeños trozos de cielo que limpian el alma. Respiro hondo, puedo oler la presencia del campo desde aquí. Distingo un arroyo y voy para allá, me llama y yo lo sigo. Él se transforma y ahora es una pequeña laguna. Solo me quedo arriba, mirándola desde todos los ángulos. Con Caleu hacemos unos giros bien escarpados. La laguna sigue ahí abajo. Simplemente disfrutamos de la presencia del otro. La laguna, Caleu, yo, silencio, armonía, placer. Todos presentes.
¿Será que este es mi lugar en el mundo? ¿Aquí, entre el cielo y la tierra? ¿Todos encuentran su lugar en el mundo, el lugar en que uno se conecta consigo mismo? Si no lo encontraron, ¿lo están buscando? Si no lo están buscando, ¿qué les está faltando para ponerse a buscarlo ya? ¿Para qué postergar? En fin, algunas preguntas.
Ya de regreso, un aterrizaje muy lindo y suave, giramos para dirigirnos al hangar y noto que Caleu está pesado, un poquito más de potencia, pero no, está pesado. Corto motor y bajo a mirar, la rueda de nariz está totalmente en llanta. Así que el tramo desde la pista hasta el hangar lo hago empujando a mano a Caleu, manteniendo la rueda en el aire.
Ja, vos sí que sos mimoso Caleu. Un rato me llevaste vos, ahora me toca llevarte a mí.

jueves, 31 de marzo de 2011

Pequeña travesía

Es la mañana del domingo, nos hemos puesto de acuerdo con Gustavo en hacer un vuelo hasta Chascomús, pasando, en el camino, por el famoso puente de hierro que ha quedado en desuso. Esto es lo que yo quiero hacer, viajar a otros lugares, recorrer otros aeródromos.
Chequeos de ambas naves, el DP de Gustavo, que se llama Airgus y mi Caleu. Combustible al máximo. Matecocido, y a volar.
El guía es Gustavo, que tiene el GPS y además ya conoce el camino, yo vuelo a su derecha y un poco atrás. Pasamos al costado de Oliden, hasta aquí, territorio conocido. Adelante tengo un arroyo, que nace en unos bañados, el arroyo serpentea y yo recuerdo: he jugado contigo en otra oportunidad. Al costado del arroyo aparece un montecito con una playita hermosa, perdida, sin visitas. Allá adelante, el puente de hierro. Perdemos altura, volamos alrededor, hay una familia pescando que nos saluda. Ahora el suelo nos llama, acudiendo a su llamado aterrizamos, bajamos y caminamos hacia el puente.
-Buen día. –Saludo.
-¿hace frío allá arriba? –pregunta el pescador.
-Jaja, si un poco.
-¿Ustedes vinieron en esas cosas? – pregunta otro que acaba de llegar.
Caminamos por el puente, sacamos unas fotitos y seguimos viaje. Mientras regresamos con Airgus y Caleu, despejamos nuestra pista improvisada, de toda la bosta de vaca seca que entorpecería nuestro despegue, y comenzamos a reírnos: ¿Qué pensará esta gente que ve dos tipos que llegan volando en ´´estas cosas`` y ahora están agarrando bosta de vaca con sus manos?
Encendemos motores y despegamos. Ahora arriba ya está más movidito, un poco de viento y muchas térmicas que molestan. Llevamos cinco minutos de vuelo y una turbulencia un tanto más fuerte me sacude, el motor comienza a fallar, Caleu empieza a perder altura, esto es una emergencia, no hay miedo ni desesperación, con toda tranquilidad elijo donde aterrizar, tantas veces practicamos esto con mi Sensei aeronáutico, seguramente se salió un cable de bujía. Me hago una promesa: el próximo vuelo va a ser con seguros en los capuchones de las bujías. Toco el suelo, impecable. Gustavo me ve, se da cuenta que algo pasa, pega la vuelta y aterriza al lado. El cable colgando, lo conecto, pruebo y funciona bárbaro. Así que arriba otra vez y hacia la laguna de Chascomus.
Ya estamos cerquita, abajo está la Autopista 2, bastante transitada, más adelante se ve la Laguna de Chascomús y a su izquierda otra laguna, que yo no conocía, porque siempre que vine a aquí lo hice en auto y no la había visto nunca. Entre las dos lagunas se ve la pista del Aeródromo Raúl Alfonsín. Nos acercamos al circuito estudiando el cielo detenidamente, pues aquí hacen paracaidismo. Veo a Gustavo aterrizar y ahora es Caleu quien apoya sus ruedas en el suelo, que suavidad aterrizar en pista de asfalto, sin embargo la pista de césped, tiene un sabor especial, que no lo cambio.
Saludos, café, fotos y puesta en marcha para el regreso, la vuelta fue directa, mas rápido por el viento de cola, pero muy movido, turbulencias incómodas, que de alguna manera condimentaban esta travesía.
Ya en Poblet, bajamos de Caleu y Airgus:
-¡Que travesía loco! –me dice Gustavo
-Mi primer travesía, ¡y fue fantástica! –respondo.

Y un abrazo de pilotos cierra esta aventura.

domingo, 13 de febrero de 2011

Caleu, compañero de vuelo.


Suena el despertador con una canción de The Doors, son las 6:15. Me levanto, me visto, me lavo la cara y me voy para el aeródromo, allí me está esperando Caleu. Quiere volar, no le alcanzó con carretear un poco en la pista, la última vez que carreteamos lo hicimos haciendo willy y se decidió por pegar un salto, y aunque sea por pocos segundos voló.
Compré a Caleu los primeros días de enero, pero por distintas circunstancias hasta hoy no hemos volado. En este tiempo nos hemos amigado, y todos los fines de semana lo puse en marcha esperando ansiosamente el momento de volar, estuvo mucho tiempo guardado, hace un buen rato que no vuela.
Llego al hangar, lo despierto a Caleu y afuera, hacemos combustible, chequeo, en marcha y arriba, me doy cuenta que está tan contento como yo. Carreteamos hasta la pista, ocupamos posición, potencia y comenzamos a movernos. Pronto la pista de césped se libera de nosotros, estamos en el aire.
Ascendemos, hacemos un viraje, luego otro hacia el otro lado, distinguimos un molino y allí fuimos para dibujar un círculo perfecto en el cielo con el molino como centro. Me muestra la suavidad de sus comandos, responde rápido, pero sereno. Realmente vuela hermoso.
El cielo esta cubierto, al norte se ve la ciudad de La Plata, mucho cemento para mi gusto, al noreste, el río y al sudeste se ve niebla. Las nubes comienzan a abrirse y a través de los huecos pasa la luz del sol. Miro hacia abajo, el suelo está en partes mas oscuro y en otras iluminado por el sol, como si le hubiésemos puesto un colador y la luz pasara a travez de él. Mientras disfruto de la imagen, se ilumina la nariz de Caleu y entonces comenzamos a jugar a entrar y salir de espacios iluminados, pasa el tiempo, estamos los dos felices.
Luego de seguir dando vueltas nos decidimos por bajar, vamos hacia la pista y comenzamos a descender, el contacto con el césped fue impecable, muy suave, nos cuidamos mutuamente. Llegamos frente al hangar, detengo el motor, me quedo arriba de Caleu, no quiero bajar. Lo mimo un poco.
-Lo pasamos lindo Caleu, acostúmbrate, a partir de ahora comenzarán nuestras aventuras.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Siiiii, soy piloto.



Hoy, 21 de Septiembre de 2010 es un día maravilloso, hoy cierro una etapa, hoy luego del examen nos convertimos, junto con dos amigos, Enrique y Alan, en pilotos. Mi alegría es enorme, casi que no me entra, tengo una rara sensación, por un lado la paz que me da alcanzar algo tan querido, tan amado, tan deseado y por otro lado no puedo creerlo, quiero decir, ya está, entré esta mañana al aeródromo como alumno y cuando me fui, a la tarde, salió un piloto. Por supuesto que esto no sucede así porque sí, fueron dos años de preparación, de aprendizaje.
Lo que mas quiero hoy es agradecer, en primer lugar a mi Sensei, Sebastián, mi instructor, por los ratos vividos, por lo que nos hemos divertido, por ejemplo la rutina de probar el intercom (hooola sssi, ssssi,hoooola, uno dossss, uno dosss), por enseñarme un vuelo seguro, responsable, por la confianza depositada, por aguantarse al principio esos vuelos horrorosos sin agarrar la palanca de mando, por festejar conmigo cuando las maniobras salían hermosas, por mostrarme qué faltaba cuando algo no salía, sobre todo por enseñarme a volar, nada menos que a volar, lo que hoy es mi pasión. Sensei, arigató shi mas da.
A mi media naranja, Mariana, que me banca todas mis locuras y no solo las banca si no que encima me apoya y estimula, es mi compañera del alma, mi socia en la vida, la madre de 2 de mis hijos y proximamente mi esposa.
A Matías, por compartir varios vuelos y también varias enseñanzas, además esta es la persona que durante todo este proceso me daba pilas y ponía su esfuerzo para que yo pudiera hacer realidad el tener mi ultraliviano.
A Enrique y Alan por compartir nuestras experiencias y de esa manera tener otra forma de aprendizaje, los ratos de mates, facturas y manuales en la casa del viejito y todos los domingos de hangar.
Y al grupo de pilotos de Poblet que vinieron especialmente un martes al mediodía para compartir el momento y darnos la bienvenida a nosotros, los nuevos pilotos, se notaba la alegría en ellos. Uno de ellos me dijo: ´´Pablo, a partir de ahora sos una persona libre, libre de verdad`` , creo que se necesita volar para entender plenamente lo que me estaba diciendo. Este grupo de personas, no son personas normales, algo les pasa, algo los hacen distintos y yo me siento orgulloso de pertenecer a este grupo.

Ahora una nueva etapa, nuevos vuelos, travesías, aventuras y yo acá, feliz y amando la incertidumbre de lo que vendrá.



miércoles, 25 de agosto de 2010

¿Vuelo soñado o sueño volado?

Era un día hermoso, no importaba si se veía el sol o si estaba nublado, si hacía calor o hacía frío, estaba en el aeródromo, al lado del hangar, dándole de comer al Flyer, preparándolo para salir a volar, y esto es lo que hacía que el día fuera hermoso.
Despegamos, nuevamente esta sensación que invade mi cuerpo, paz, alegría. Aquí estoy, en el cielo otra vez. Pretendo estar aquí a cada rato, venir a este mundo de libertad, donde no hay límites si no infinitud.
En medio del vuelo, unos bañados atraen mi atención, reduzco la potencia y pierdo altura, despacio voy bajando, cada vez mas cerca, estoy ahora a 1 metro sobre el agua, me mantengo a esta altura y vuelo, me dejo llevar por este paraíso, siento el olor de la naturaleza, esa mezcla de olores a agua, tierra y fresca vegetación, puedo observarlo todo, arbustos, plantas, agua, veo varias aves, están allí, posando. Un nido, realmente grande, sobre unos juncos, es una cigüeña, está cuidando sus huevos, son enormes, ella no se mueve de su casa, paso muy cerca, pareciera que podría tocarla. Una pareja de carpinchos me descubre invadiendo su terreno, corren un poco, se paran, me miran, los miro, nos entendemos, continúan con su camino y se sambullen al agua. El bañado se convierte en un arrollo, que serpentea en el medio del campo y yo sobre él, juego a que sigo su forma, suspendido en el aire, divirtiéndome, volviendo a ser chico, disfrutando, admirando la belleza de lo simple, de lo natural.
Luego de estos 10 minutos de placer máximo, retornamos, mas potencia y a ganar altura, estoy perdido en el cielo, decido apuntar al norte y en algún momento me cruzare con la ruta sobre el suelo que será mi guía para llegar.
Estoy pleno, vuelos así no hay todos los días.
¿Volé o soñé? De todas formas fue maravilloso.

jueves, 15 de julio de 2010

¿Somos uno al volar?

Domingo a la tarde en el aeródromo, llega el Flyer y Matías me dice: ´´Dale, chequealo que salís vos``.
Chequeo, todo en orden. A la pista. Despegamos, ascendemos hasta los 500 pies, dibujamos unos círculos perfectos por ambos lados sobre un molino. Ascendemos un poco más, a 700 pies. Hacemos un 180, esto es: cortar motor cuando estás paralelo a la pista, y hacer los virajes para posar las ruedas justo sobre la pista (salió hermoso). Despegamos nuevamente y una vez arriba:
Sebastián: Ahora vamos a hacer una emergencia, pero distinta a las que tantas veces hemos practicado. La situación es esta: estás exactamente como estás ahora, pero se rompe la palanca de mandos.
Yo: .Uhh!
Sebastián: si, así que soltá la palanca. ¿Qué hacemos, como podes pilotearlo?
Yo: Nos tiramos, ¿estaremos muy alto? (obviamente broma)
Sebastián: Jajaja. Dale, ¿como hacés?
Yo: con el trim regulo la velocidad, con el acelerador la altura y con los pedales hacemos los virajes.
Sebastián: muy bien Pablo, entonces dale, hacete el circuito y vamos a aterrizar.
Hacemos el circuito, el Flyer vuela y me responde, su ser se junta con el mio, parece saber a donde quiero llevarlo. Sin embargo hacer los virajes solo con los pedales se siente raro, cuando lo hago descender reduciendo la potencia primero cabecea y luego se acomoda, la tentación por agarrar la palanca de mandos es grande, encima la veo que está ahí, disponible, esperándome, preguntándose ´´¿Qué estás haciendo?``. Me suelto y acepto que este vuelo va a ser diferente, me adapto a algo desconocido, en fin, también para el Flyer es una experiencia fuera de lo común, pero siento que cree en mí, que confía en lo que hago y deja que lo guie.
Sebastián: ahora que estás bien cerquita del suelo agarrá la palanca y ponelo en la pista. Viste que se puede volar incluso sin la palanca de mandos.
Yo: Guau! Esto estuvo muy bueno. Groso.
Voy viendo en volar muchas enseñanzas de vivir, esto de salir de lo establecido, de permitirme dejar de querer controlar la situación y dedicarme a estar presente, a sentir, a ser yo.

domingo, 28 de marzo de 2010

Viento cruzado

Un día, hace un par de meses, me toco aterrizar con viento cruzado a 90º, realmente se generó una dificultad para mí. Hicimos 3 o 4 aterrizajes, 2 de ellos tuve que abortarlos y subir nuevamente, hacer el circuito y vuelta a intentarlo.
Fue algo así: ya estando en inicial, voy descendiendo hacia la pista, pero no la veo en el frente, la veo por el costado haciendo un ángulo de 35 o 40º con respecto a la nariz del Flyer, por la corrección de deriva ocasionada por el viento. Una vez que estoy bien cerquita del suelo, piso pedal para enderezar el Flyer, y en cuanto se endereza estoy fuera de la pista, el viento me sacó, potencia y arriba. Sebastián, mi instructor me dice: ´´tenés que bajar mas el ala que da al viento``.
Segundo intento, con el ala un poquito mas abajo, pero al final estoy fuera de la pista y nuevamente escape.
Sebastián me propone hacer uno él para que yo observe, cuando llegamos a ese momento de darle pedal para enderezar , baja el ala a 20 cm del piso, un aterrizaje de lujo, y me dice: ´´ves que se puede bajar mas el ala, sin temores, vos le decís al avión lo que tiene que hacer``
Voy por mi tercer intento y aterrizo, pero la verdad no fue un lindo aterrizaje.
Me quedé con un poco de enojo y frustración, tan lindos que me salen los aterrizajes sin viento, o con viento frontal y en estas condiciones no podía hacerlo bien. Cuando llego a casa programo el simulador de vuelo en la compu, y le pongo viento cruzado a 90º, si bien no es lo mismo, ni se le acerca, es lo que tengo para practicar todos los días, y de todas formas los primeros resultados eran los mismos que en la realidad.
En los siguientes vuelos no tuvimos viento cruzado, hasta que llegó el día que yo esperaba, viento cruzado y fuerte.
Sebastián me dice: -hoy está bastante feo.
A lo que yo contesto: -es justo lo que estaba esperando.
Ya el despegue fue movido y arriba, a 500 pies, bastante turbulento. Damos unas vueltas, hacemos un poco de coordinación, un giro alrededor de un molino, unas ``s´´ sobre un camino. Hacemos el circuito para aterrizar. Nuevamente estoy en esta situación, descendiendo hacia la pista, corrigiendo la deriva, esta vuelta la pista la veo mas de costado, formando un angulo de 45º con respecto a la nariz. El viento es mas fuerte que en la anterior oportunidad. Me acerco al suelo, ahora es el momento, con decisión y firmeza, convencido de que ahora lo hago bien, piso el pedal, bajo el ala, primero toca la rueda derecha (de donde viene el viento), luego la izquierda y luego la de nariz. Un aterrizaje excelente. Y por supuesto viene el: ``Yahooooooo´´.
Luego me puse a pensar: ¿cuantas cosas en nuestra vida son vientos cruzados?, ¿como las vivimos?, ¿nos quedamos en el enojo o seguimos adelante? ¿nos preparamos y practicamos?, ¿lo intentamos nuevamente?, ¿nos permitimos equivocarnos?. La vida es para disfrutarla y estas cosas que nos suceden son para aprender.

jueves, 21 de enero de 2010

1º vuelo solo






Es miércoles 20 de enero, mediodía, suena The Doors en mi celu, avisándome que entraba un mensaje:
Matías: -¿querés volar hoy?
Mi respuesta: si, ¿a qué hora?
Matías: a las 17.
Yo: allí estaré.

Habían pasado 2 domingos sin que pudiera volar por el clima, tenía una necesidad terrible de estar allá arriba, se me hace imprescindible, como el celular que lo cargas un par de horas y te dura un par de días, yo necesito volar los domingos una hora y el efecto de felicidad, paz y completud me dura toda la semana.
Llego al aeródromo, luego de visitar algunos clientes, y cambio mis zapatos, pantalón y saco por sandalias, bermudas y remera, unos mates y a la espera de mi turno conversando en la ronda con otros alumnos y pilotos, ahora amigos.
Me toca mi turno de volar. Luego del chequeo salimos con Sebastián, mi instructor. Despegamos por cabecera 03 y ya arriba en cuanto pasamos la cabecera 21, escucho: emergencia y Sebastián que reduce la potencia. Nariz bien abajo, mantengo la velocidad y ya cerca del suelo escucho:

Sebastián: muy bien, ponele gas. ¿Estás despabilado?
Yo: ya lo creo, ¿va a ser así? ¿De entrada nomas?
Risas.

Primer aterrizaje, hermoso. Luego probamos quedarnos sin potencia en el despegue pero a 2m. de altura y luego arriba.

Sebastián: vamos para inicial que tengo que ir al baño
Yo: ¿enserio?
Sebastián: no aguanto más.

Segundo aterrizaje también hermoso.

Sebastián: apagá, volamos 20 minutos.
Yo: que, ¿cortamos acá?
Sebastián: no, quedate que voy al baño y vuelvo.

En eso vienen Matías y Enrique, ponen un contrapeso en el asiento del instructor y me dicen: vas a volar solo pibe.
Guau. No puedo creerlo. Entre como un caballo. Si bien sabía que era algo que tenía que suceder en cualquier momento, me agarraron totalmente desprevenido. Mi alegría es inmensa: Mi primer vuelo solo. Volvió Sebastián me dio algunas instrucciones y a la pista.
Chequeo, todo en orden. Ocupo posición en cabecera 03. Potencia al máximo, 40 millas, rotamos, el Flyer y yo, solos por primera vez. Ascendemos hasta los 500 pies. Paso por la vertical. Hago un poco de coordinación. Mi sonrisa es más grande que mi cara. Veo un árbol inmenso allá abajo, dibujo un círculo alrededor con el Flyer. Este es uno de los momentos más importantes de mi vida. Mis ojos se transforman en una cámara que registra todo lo que sucede. Acá arriba es hermoso. Miras un árbol: es hermoso, ves unas vacas: son hermosas, ves el diseño del terreno: es hermoso, los colores: hermosos. Esta el Flyer, el cielo y yo, no existe nada más. No sé qué clase de magia hay acá arriba, pero sé que quiero estar acá. Me dirijo hacia inicial y hago un aterrizaje de lujo y grito con toda la fuerza de mis pulmones: Yaaaahuuuuuuuuuu!!!!!!!!!!
Cuando llego al hangar me están esperando para el festejo: saludos, felicitaciones, abrazos y barro, mucho barro.
P.D.: Gracias por este momento vivido.








Mantenimiento y chequeo pre-vuelo (final)

En cuanto a un buen descanso, si me alimento bien y si tengo una buena actividad física, me ayudan en mucho. Si a esto le sumo el soltar l...