sábado, 6 de julio de 2013

Tres días en vuelo (1° parte)


El cielo está gris, el frío se esparce en el campo, se acomoda y se queda, es su estación preferida del año. En el aeródromo se hace sentir y se lo combate con mates calentitos y conversación. Pasa gran parte de la mañana entre preparativos, chequeo, hacer combustible y otros menesteres. El momento de volar ha llegado, nos espera una linda travesía, 950km en 2 días, saludos, abrazos y en marcha.
Bombeo desde la bombita cebadora, el combustible comienza a subir por la manguera, pasa por el filtro de nafta, por la bomba y llega hasta el carburador, dos bombeos más y ya se siente la presión de que está todo lleno. Miro alrededor, pongo en contacto y grito:
-          ¿Libre? –alguien confirma y devuelve también en voz alta.
-          ¡Libre!!
Tiro de la piola y en el primer intento Caleu arranca, él también estaba esperando este momento, quería conocer su nueva casa, allí en traslasierra, del otro lado de las altas cumbres, con ese paisaje tan diferente, esa belleza que tienen las sierras y los ríos de montaña, todo un cambio de vida para los dos, en realidad para más de dos pues ya me están esperando allí esa flaquita divina que es mi esposa, mis dos niños más chicos, Mork y Mindy, nuestros perros y Mishi Mini Minina, la gata.
El motor ya calentó, cinturón de seguridad abrochado. Hace frío y la cabina de Caleu es abierta así que estoy bien abrigado, por fuera se ve el camperón que tapa hasta la nariz, la bufanda, gorro de cuero con orejeras, auriculares, guantes abrigando las manos. Miro alrededor, saludo con la mano y comienzo a carretear hacia la pista.
La manga cuelga indicando que no tenemos viento, no hay nadie a la vista allá arriba, así que voy hasta la cabecera, observo un instante más el lugar. Siento algo de tristeza, se que voy a extrañar a este lugar y a esta gente, aquí conocí lo que era un avión ultraliviano, aquí aprendí a volar, aquí conocí y compré a Caleu, aquí hice buenos amigos, aquí compartí asados y fiestas, aquí volé todas las semanas estos últimos cinco años. Todo esto es algo que queda grabado, que no se olvida. También siento alegría pues estoy yendo a vivir al lugar que elegí para vivir, soltando un montón cosas buenas y lindas por otras que vendrán que seguramente también serán buenas y lindas, ya que para mí, el que sean buenas y lindas dependen más de el que las ve que de las cosas en sí mismas.
El reloj marca las 11 en punto. Potencia a fondo, velocidad sobre el césped, las ruedas sueltan el suelo y ahora las alas se hacen cargo. Adiós Aeródromo Poblet, o PBE como te llamamos los amigos.
Ascendemos a 500 pies, palanca a la derecha para corregir el rumbo hacia el nor-oeste, aquí arriba tengo viento en contra, por suerte es suave. La ruta 2 pasa por debajo y rápido distingo la 215 allá adelante, la rotonda y la 6 que va a ser mi guía en este primer tramo. El GPS está disponible, pero elegí guardarlo y guiarme con el mapa y las rutas, para mi hay una gran parte de la aventura que se pierde si lo utilizo, y el sentido de este viaje es esa aventura, creo que mientras me mantenga transitando aventuras seguiré siendo niño. Si, ya se, un niño de 41 años, con las primeras arruguitas en los ojos, el pelo plateado, papá y abuelo, pero con eso que distingue a los niños: el disfrutar, el maravillarme por las cosas de la vida y por todo lo que hay por aprender, el divertirme, el encontrar el juego, el ver  sin la gravedad que le ponemos los adultos a las cosas.
El campo sigue desplazándose hacia atrás lentamente, el cielo continúa cubierto y hay una especie de bruma aquí arriba que disminuye un poco la visibilidad. Todavía no aparece la pista de General Rodriguez, mi plan es llegar a San Antonio de Areco para hacer combustible y seguir. Una bandada de pájaros más abajo muestra su impecable vuelo en formación. Eso de allá adelante debe ser la pista. Mientras tanto la ruta de asfalto a veces se acerca y otras se aleja con sus curvas, con Caleu seguimos derechito sin perderla de vista. Lo que creí que era la pista cuando estuvimos más cerca nos dimos cuenta que no lo era. Esto es diferente que volar en terreno conocido donde con una mirada alrededor encontrás algo que te orienta.
La pista de Rodriguez pasa a mi izquierda, en dos oportunidades estuve allí abajo disfrutando de esos impresionantes festivales aeronáuticos, viendo todo tipo de aviones, nunca había venido volando, una parte de mi quiere bajar, la otra me dice que continuemos con el plan que nos trazamos, en unos instantes nos pusimos de acuerdo y decidimos continuar volando.
Eso de allí debe ser la autopista 7, o sea que esa población que vimos a la izquierda hace un ratito tiene que haber sido Luján. Seguimos adelante. Chequeo el combustible y veo que no voy a llegar a donde me había propuesto, así que decido bajar, al costado de la ruta hay un buen espacio para usar de pista, hago una primera pasada baja para observar de cerca. Si, está en condiciones, subo nuevamente, dibujo un círculo completo y abajo, las dos ruedas del tren principal tocan el pasto, la de nariz sigue en el aire, ahora hace contacto con el suelo también, carreteo uno poco, quietos, contacto en off. Me desabrocho el cinturón y me bajo, Caleu descanza un rato, yo me estiro, me saco los guantes y observo que viene un hombre que sale de una casa que hay allí cerquita y otro que del frente viene con su auto.
-          ¿Todo bien? – me pregunta el del auto.
-          ¿Qué pasó? – pregunta el otro.
-          Nada, tengo muy poco combustible, necesitaría cargar, ¿hay una estación de servicio cerca? – contesto.
-          Si, acá cerca hay una estación de servicio, ¿si querés yo voy con el auto? ¿Qué nafta lleva?

Mientras el muchacho del auto fue a buscarme combustible me quedé conversando con sus hijos y con el otro hombre. El más chiquito pidió subirse a Caleu y el hermano mayor le sacó fotos con el celular. Habrán pasado unos veinte minutos y ya tenía el combustible conmigo, preparé la mezcla, lo trasvasé al tanque de Caleu.  Más fotos, agradecí por la gauchada de poner a disposición su tiempo y su auto y también por la conversación, saludos y a emprender el vuelo nuevamente.

lunes, 21 de enero de 2013

Volando con amigos de alas propias



Son las 7:30am de un jueves de diciembre, pienso que va a ser un lindo vuelo, quiero que así sea, ya que por 25 o 30 días no voy a volar nuevamente por que estaré lejos.
            Despegamos, Caleu también quería volar, el viento está un poco cruzado a la pista, ascendemos, practicamos algunos giros con un molino de referencia y luego unos giros escarpados.
Cuando observamos, allí nomás, cerquita, teníamos compañía, un carancho volando, planeando, haciendo giros, aprovechando el viento y las térmicas. Con Caleu nos acercamos, como pidiendo permiso para jugar. Y así fue, comenzamos con el juego, el carancho gira lentamente hacia la izquierda, seguimos su giro, siempre quedando a su lado y un poquito atrás. Ahora giro y abajo, lo seguimos. Hacia el otro lado y arriba, lo seguimos pero quedamos más abajo, recuperamos posición. Estamos lado a lado, el carancho me mira, con su majestuosidad, impecable, las alas quietas y erguidas, la cabeza de costado, ese pico que le da un aire de seriedad, de respeto, yo lo miro, nos vemos, nos reconocemos, somos compañeros del aire, él con sus alas, yo con las de Caleu. Seguimos compartiendo el vuelo y el juego durante un rato que no tuvo tiempo ni intensión. Mi alma se llena, mi cuerpo lo disfruta.
Cuando pensé en este vuelo, quería un vuelo especial, ¿yo lo cree? ¿acaso yo hice que el carancho estuviera allí volando? No, no tengo ese poder. Pero si creo que tengo otros poderes, como por ejemplo el de ver oportunidades. ¿Hubiera existido este vuelo, así, tal como fue, si no hubiera distinguido al carancho volando? ¿Qué es lo que hace que lo haya distinguido? Yo creo que mi querer, el querer ese vuelo especial hace que tenga ojos atentos para distinguir las oportunidades que se me presenten.
Creo que las oportunidades siempre están, andan por ahí, vagando, oportunideando, esperando ser distinguidas primero y luego utilizadas, para poder realizarse ellas, para cumplir con su razón de ser.

domingo, 27 de mayo de 2012

Corrigiendo la deriva



Mañana de domingo, frío y humedad para recordar que estamos en invierno. Mi caminar hacia el hangar resulta esponjoso, mis zapatos se hunden unos pocos milímetros en la tierra y quedan mojados con las gotas de rocío que siguen sobre el césped. Cielo grisáceo con algunos claros.  La manga cuelga aburrida, el viento descansa.  Los árboles quietos. Se escucha el silencio.
Soy el primero en llegar hoy, abro los portones y saco a Caleu. Luego del habitual chequeo, y haber calentado el motor, nos disponemos a despegar, elegimos la 21, nos ubicamos en la cabecera y potencia al tope. En poquito recorrido ya estamos en el aire, ascendemos más y encontramos que aquí arriba la cosa está distinta, viento y ráfagas le ponen sabor al vuelo. Aprovechando que el viento se hizo presente nos ponemos a jugar con él. Con viento en cola observamos la velocidad que llevamos con respecto al suelo y luego la comparamos con la que observamos con viento de frente, siempre me resulta divertido esa sensación de ir rapidísimo o que parezca que estamos quietos en el cielo, como un barrilete. Luego viene el otro juego, el de hacer un círculo perfecto con un molino de agua como centro y que el viento no te desplace, de un lado apenitas bajando el ala y del otro lado con el ala bien hundida. Por último el de hacer un circulo como si no hubiera viento, manteniendo el ángulo de las alas durante toda la circunferencia, y luego observar cuanto nos hemos desplazado del lugar donde la iniciamos.
Jugando nos hemos alejado, emprendemos el regreso. Miro alrededor y me ubico, ya se hacia donde tenemos que ir. El viento viene de la derecha, corrijo la deriva y Caleu continúa su recorrido avanzando de costado, con la nariz apuntando al norte, pero con su trayectoria hacia el nor-oeste.
Con esto se me disparan algunas preguntas del vivir cotidiano: ¿sabemos hacia dónde queremos ir? ¿estamos yendo hacia donde queremos? Si las circunstancias soplan de costado, ¿corregimos la deriva? ¿o caemos en soltar lo que queremos y dejarnos llevar por esas circunstancias hacia lugares distintos? ¿podemos jugar con esas circunstancias como jugamos con el viento o las tomamos con gravedad? ¿estamos disfrutando este vuelo?
Si nos preguntamos podemos respondernos, si nos respondemos podemos reflexionar y distinguir, si distinguimos podemos elegir.
Somos nosotros los que sostenemos la palanca de mandos, ¿nos reconocemos como los constructores de nuestra propia vida?

miércoles, 4 de abril de 2012

Estar en las nubes


Niebla en la mañana de este domingo. Mientras espero se disipe un poco comparto mates, conversación y risas con otros locos que eligieron, como yo, estar un domingo a las 8 de la mañana en el aeródromo. Ya despejado, y luego del chequeo, pongo en marcha a Caleu, calentamos y nos dirigimos hacia la pista. Potencia a tope, carreteo sobre la pista, cuidando el ala izquierda, pues tenemos viento de ese lado. Velocidad. Soltamos el suelo, las ruedas siguen rodando, pero en el aire.
Arriba hay nubes, con Caleu nos sonreímos y ascendemos, no se si él es mi cómplice o yo soy el suyo. Subiendo quedamos dentro de la cola de una nube, es espesa, no vemos nada, es un gris con mucho de blanco, muy intenso, es hermoso y a la vez siento esa parte de susto que suele dar cuando hacemos algo que está fuera de nuestra zona de comodidad, de las cosas que sabemos, que conocemos. Son dos, tres o cinco segundos que el corazón se detiene, la respiración es profunda, honda, luego, muy pronto estamos fuera y viendo nuevamente. Es ese placer con desafío y aventura.
Ahora estamos sobre las nubes, y lo primero que encuentro es que arriba de ellas hay cielo, sol, libertad, inmensidad y belleza. Desde el suelo está nublado, desde aquí no.
Estoy en las nubes, me divierte la idea, estar en las nubes es magnífico, por lo menos para mí. Pienso:¿que pasa cuando alguien nos dice que estamos en las nubes? ¿que quiere decir? Pues se le dan muchos significados a esta frase:
       -para algunos estar en las nubes es estar distraído.
       -para otros significa perder el tiempo.
       -otros piensan que en las nubes están los tontos.
       -estar en las nubes es estar despistado.
       -y para completar podría ser: estar en las nubes es no vivir en el mundo real y pensar que todo está bien y es perfecto y maravilloso.(me encanta)
Podemos decir que un músico está en las nubes, que un pintor está en las nubes, pero ¿acaso no es ese un buen espacio para crear?
¿Quienes somos para juzgar a los demás? ¿Quien nos dio autoridad? ¿Que queremos cuando opinamos sobre otro? ¿Nos damos cuenta de que las opiniones que emitimos son nuestras, que tienen que ver más con como vemos el mundo nosotros, que con el otro? A veces pienso que actuamos desde creer que tenemos la verdad, creyendo que lo que nosotros vemos es lo correcto. ¿Cómo nos relacionamos con los demás desde este lugar? ¿y si lo correcto no existe? ¿si solo tenemos distintas opiniones? Y por último, ¿si legitimamos al otro con su opinión? Hacemos el mundo en el que vivimos desde nuestras acciones, podemos empezar a elegir antes de actuar, de opinar.
Estar en las nubes me resulta muy agradable, un lugar para disfrutar, un espacio para encontrar la armonía, un sitio donde soltarme. ¡Que bueno que es estar en las nubes!
Bajamos la potencia, el motor regulando, haciendo un espiral voy perdiendo altura, observo y me impregno de todo lo que veo y siento, distingo la pista, me dirijo a ella. Un aterrizaje hermoso, que lindo que es aterrizar con viento cruzado. Despego nuevamente, solo para disfrutar de otro aterrizaje.






miércoles, 8 de febrero de 2012

Cuatro cielos


Estoy con Caleu en la cabeceras 03, listo para poner potencia y salir al aire. Miro el reloj, solo nos quedan treinta o cuarenta minutos para volar, luego se viene la noche, así que decido aprovechar cada minuto, potencia a full y arriba.
La serenidad y armonía que suele tener el aire del atardecer se hace presente, es como un manto de paz, belleza y libertad que cubre todo, es como la sonrisa de un niño que tiene ese enorme poder de contagiarte su alegría. Estoy aquí arriba y todo transcurre despacio, hay una temperatura agradable y muy poco viento del norte. Todo mi ser se impregna de esto tan maravilloso que encontré aquí.
Observo para disfrutar, encuentro un molino y me quedo con él, desde arriba le dibujo un giro bien escarpado hacia un lado y luego hacia el otro, jugando, divertido, vuelo y a la vez juego a que vuelo. A lo lejos se ve toda esa cosa enorme de cemento que es la ciudad, la catedral se destaca con sus puntas y un poco mas allá el Río de La Plata.
Veo a mi izquierda al sol queriendo esconderse, giro para verlo de frente y entonces me doy cuenta de lo que no había distinguido, hago un giro de 360º para verlo todo. Hacia el oeste se encuentra el sol, esa poderosa bola naranja que todavía ilumina ese sector de cielo y dice: aquí es de día. Por el sur un gris intenso, pesado, nubes de tormenta, amenazantes. La luna, llena, en el este, con el cielo mas oscuro, trayendo la noche, posando bellísima. En el norte cielo despejado, de un lado claro y del otro oscuro, pero totalmente despejado. Esto es fascinante, estoy inmerso en este regalo recibido, cuatro cielos diferentes, pero que a la vez son un solo cielo.
Pienso que puede que algunas veces veamos nuestro futuro así como tormentoso, debido a algo que nos sucedió o que nos está sucediendo, algo como perder el trabajo por ejemplo, que no podamos ver más que ese sector de cielo grisáceo, y puede que nos enojemos o nos resignemos ante esto.
Quizás en otras oportunidades estemos pasando por circunstancias diferentes, que las cosas no salen como queremos, que veamos oscuridad y tal vez nos de miedo esa oscuridad.
¿Que nos pasa con estas cosas? ¿Que estamos mirando? ¿Como las vivimos? ¿Que hacemos con ese enojo o con ese miedo? Por ahí nos sintamos atrapados, reaccionando ante lo que nos pasa. Hay para mí una gran diferencia entre accionar y reaccionar, y es que en el accionar habita la libertad, en el accionar yo elijo que quiero para mí, no podré elegir las circunstancias, pero si puedo elegir que voy a hacer con ellas.
Si podemos observar las cosas desde otro lugar, girar 360º para ver los cuatro cielos que están disponibles, tal vez entonces tengamos a nuestro alcance ver que las cosas no son trágicas o terribles, si no que nosotros les dimos esa interpretación, pero las podemos cambiar, y entonces, viviéndolas desde otro lugar encontremos un aprendizaje para nosotros y podamos re-direccionarnos.
Nosotros somos los que podemos ver que cada uno de esos cielos, no es más que una parte del cielo,  nosotros somos los que piloteamos nuestras naves, los que sostenemos la palanca de mando y los que elegimos hacia donde dirigirnos.

viernes, 27 de enero de 2012

Incertidumbre



Considero que algo que hace mágico el volar es justamente la incertidumbre. Disfruto mucho de volar, en el vuelo el medio es el aire, este aire a diferencia del suelo, no es algo que está fijo y quieto. Hay aire fresco de las mañanas, aire digamos que esperanzado, anunciando todo un día por delante; aire de verano, en esos horarios del mediodía, aire agobiado por el calor manifestándose vigoroso, despertando mis sentidos, poniéndome en alerta. Ese no  saber  si va a cambiar el viento, si pueden venir ráfagas, si vamos a agarrar una descendente, o si una ascendente no nos va a dejar bajar. A veces tendremos esos vuelos de seda, prolijitos e impecables, sin una gota de viento, otras tendremos que corregir la deriva por el viento lateral. A veces nos costará ascender y otras aterrizar, tal vez tendremos que aterrizar con viento cruzado, esos aterrizajes con adrenalina extra, en que tendremos un ala bien abajo y apoyará primero la rueda de un lado, luego la del otro  y por último la de nariz.
Pero por otro lado, pareciera que esta incertidumbre que tanto sabor le da a mi volar, socialmente la consideramos como algo no grato, es como que está mal no saber que va a pasar o que vamos a hacer. La incertidumbre vendría a ser algo como una maldición. Vemos valor en la seguridad, creyendo que esta seguridad nos protege de algo malo que nos pueda pasar, de que nos lastimemos, de que nos golpeemos, de que nos decepcionemos, de que perdamos. Esta seguridad es como una cápsula, dentro de la cual estamos protegidos, lo cual puede resultarnos muy cómodo. El riesgo para mí es que esta cápsula se transforme en una especie de jaula, que nos tenga atrapados, porque si prendemos la luz para ver con mayor claridad, puede que nos demos cuenta de que si quiero crecer no voy a entrar en esta cápsula, de que para aprender algo, ese algo está afuera de ella. Este escudo aparente que por un lado nos protege, también nos limita. ¿Cuántas cosas dejamos pasar o nos privamos de hacer  por no saber como saldrá? Cuando digo esto pienso en situaciones como:
 -muero de ganas de invitarla a salir, ella me gusta, pero ¿yo le gustaré?, ¿y si me dice que no?
 -tengo la posibilidad de trabajar en forma independiente de mi profesión, pero, ¿ganaré lo suficiente?¿y si no consigo clientes?¿y si me va mal?
Si queremos ver el mundo, si queremos ver las posibilidades, si queremos  ver toda esa inmensidad que está disponible para nosotros, está ahí afuera, solo tenemos que soltar esas certezas que tan fuerte sujetamos, solo tenemos que levantar la nariz y emprender el vuelo. Y es entonces que podremos ver en esa incertidumbre valor, sabiendo que podremos disfrutar de esa incertidumbre, que podremos vivirla como una aventura, pues ¿donde sucede una aventura si no es en la incertidumbre?

lunes, 7 de noviembre de 2011

Nubes y encuentro.

El pronóstico decía que hoy iba a ser un día bastante feo, igual eso solo es aplicable a la meteorología. Grata sorpresa me llevé al levantarme en este día domingo a las 7am, cuando miro para afuera y encuentro un cielo azul intenso, totalmente despejado, y un potente sol, saludando allá en el este. Es una pena perder tiempo en desayunar así que un bañito rápido, me tiro algo de ropa encima y me voy al aeródromo.
Caleu me sonríe cuando me ve llegar, lo saco afuera del hangar, hago el chequeo, que para Caleu es un mimo, llenamos de combustible y arrancamos nuestra aventura de hoy.
Caleu no lo sabe, pero hoy nos esperan en un encuentro de aeromodelismo que organizó la Agrupación Aeromodelista Libertad, tienen su campo aquí cerca, serán unos 30Km. Ayer por la tarde les envié un mensaje por el celular pidiendo permiso para aterrizar allí, pasó un rato y nadie contestó, así que pensé que no habría posibilidad. Cuando había soltado la idea y me encontraba en el auto llevando a los chicos a una fiestita, suena The Doors en el teléfono, me estaban llamando desde el encuentro en el campo, ellos casi sin señal, con una charla toda entrecortada pude entender que me esperaban allí y que me autorizaban para aterrizar en su campo. Que increible lo que puede producir solo una conversación, el resto de mi viaje en el auto transcurrió con una gran sonrisa dibujada en mi rostro.
Cabecera 03, potencia a full, cuidando el ala derecha, pues hay un vientito importante del este, corremos sobre el césped y Caleu se zambulle en el océano de aire, ya arriba nos sacudimos un poco por efecto de los vientos.  Nos dirigimos hacia el noreste buscando la ruta 11, donde se encuentra la agrupación. Un grupo de varios cumulitos vienen en dirección opuesta, desde esa enormidad que es nuestro Río de La Plata, estamos pasando por abajo cuando las pequeñas nubes nos llaman, siento que Caleu sube, bajo la potencia, pero Caleu sigue subiendo, es entonces cuando entiendo y le digo: ´´¿querés subir? Dale, vamos.`` Entonces lo ayudo y con muy poca potencia nos dejamos llevar hacia arriba, giramos para mantenernos dentro de la térmica, ascendemos y pronto la visibilidad disminuye, estamos adentro, es hermoso, se siente libre. Visibilidad de nuevo, estoy a 1100 pies de altura, veo allí en el frente que vienen varias nubecitas mas y allí vamos con Caleu, entramos nuevamente en otra, pero en esta oportunidad asomo mi cabeza por el costado, la nube acaricia mi rostro, me abraza, respiro hondo y la siento en mis pulmones, es como respirar alegría, es como respirar paz. El tiempo se para, disfrutar es la palabra, plenitud y completud es la emoción. Es intenso, muy intenso.
Estoy nuevamente afuera, ascendemos un poquito más y miro las nubes, solo que para mirarlas hay que ver hacia abajo, que linda es la libertad de poder ver las cosas desde distintos lugares, desde distintos ángulos, y esto es algo que no está reservado solo para los aviadores.
Ahora nos dirigimos hacia abajo, hacemos unos virajes, y distingo algo que debe ser el campo de la agrupación. Sí, es ese, hacemos una pasada por arriba, observo la dirección del viento y le doy forma a lo que será la pista, ahora, en la segunda pasada, nos aproximamos a la pista, bajamos y Caleu, con toda delicadeza posa sus ruedas sobre ella, nos vamos hacia un costado donde calculo podrá quedar Caleu un rato y apago el motor.
Aplausos, saludos, apretones de mano, abrazos. ¡Guau, que recibimiento!!! Da gusto venir aquí. Compartimos unos mates, conocí mucha gente, entre ellos al que construyó a Caleu. Vi muchos aeromodelos, vi varios vuelos, me encontré con gente conocida, conversamos, compartimos anécdotas. Pasaron dos horas y media, es hora de regresar, comienzo con los saludos y voy yendo hacia Caleu, que estuvo todo este rato mostrándose a la gente. Me llaman, me doy vuelta y observo que se reunieron alrededor y me hicieron entrega de un certificado de agradecimiento, de algunos regalos y de una invitación a que regrese cuando quiera. Mas saludos y abrazos. Caleu arranca, despegamos, hacemos un par de pasadas para saludar y regresamos hacia Poblet. 
Hoy fue un día especial, fue especial lo que viví en vuelo, fue un hermoso compartir lo vivido con la gente de la agrupación. Estoy muy agradecido, especialmente con toda esta gente linda que conocí hoy, pronto estaré visitándolos nuevamente.





















Mantenimiento y chequeo pre-vuelo (final)

En cuanto a un buen descanso, si me alimento bien y si tengo una buena actividad física, me ayudan en mucho. Si a esto le sumo el soltar l...